Mes Libre de Plástico: una iniciativa para reducir, concientizar y transformar
Descubre cómo el Mes Libre de Plástico transforma hábitos cotidianos en acciones sostenibles, generando un impacto positivo y duradero.
Descubre cómo el Mes Libre de Plástico transforma hábitos cotidianos en acciones sostenibles, generando un impacto positivo y duradero.
Los plásticos de un solo uso siguen formando parte de actividades cotidianas como comprar bebidas, pedir alimentos, asistir a eventos o utilizar espacios públicos. Su corta vida útil contrasta con el tiempo que pueden permanecer en el ambiente cuando no se reducen desde el origen ni se gestionan correctamente.
El Mes Libre de Plástico propone detenerse durante julio para identificar estos hábitos, comprender sus consecuencias y adoptar cambios capaces de mantenerse durante el resto del año. Más que una campaña temporal, la iniciativa invita a personas, comunidades y organizaciones a revisar sus decisiones de consumo, sus procesos internos y la manera en que previenen la generación de residuos.
En esta nota conocerás el origen y el alcance de Plastic Free July, los principales desafíos asociados a la contaminación por plásticos y algunas prácticas que las empresas pueden implementar para convertir la sostenibilidad en acciones medibles y permanentes. ¡Continúa leyendo!
La contaminación por plásticos no se resuelve únicamente al separar residuos después de utilizarlos. También exige revisar qué materiales se compran, durante cuánto tiempo se usan y cuáles podrían evitarse antes de entrar en la operación. Plastic Free July propone precisamente ese cambio de perspectiva: comenzar con decisiones alcanzables durante julio y convertirlas en hábitos capaces de mantenerse durante todo el año.
Conoce de dónde surgió la iniciativa, cuál es su alcance actual y qué propone realmente a quienes deciden participar a continuación:
Lo que comenzó como un ejercicio cercano demostró que los cambios individuales pueden escalar cuando existe una meta sencilla y compartida. Con el paso de los años, el reto dejó de concentrarse únicamente en consumidores y empezó a involucrar también a lugares de trabajo, instituciones educativas, comunidades, gobiernos locales y empresas.
Descubre más sobre su evolución a continuación:
Plastic Free July nació en 2011 por iniciativa de Rebecca Prince-Ruiz y un pequeño equipo de gobierno local, quienes buscaban ayudar a las personas a identificar y evitar plásticos desechables en su vida cotidiana.
En 2017 se constituyó la Plastic Free Foundation, una entidad sin ánimo de lucro encargada de acompañar el crecimiento internacional del movimiento y mantener su enfoque en soluciones prácticas.
Actualmente, la iniciativa ha inspirado a más de 170 millones de participantes en 190 países. La fundación estima que, durante los últimos siete años, las personas vinculadas han evitado más de 15 millones de toneladas de residuos, incluidas 1,7 millones de toneladas de plástico.

Una botella, una bolsa o un cubierto pueden utilizarse durante pocos minutos, pero detrás de cada artículo existen materias primas, fabricación, transporte y disposición final. Por esta razón, la reducción desde el origen ocupa un lugar central dentro de las respuestas internacionales frente a la contaminación por plásticos. Estas cifras permiten dimensionar el desafío:
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señaló en 2025 que el mundo había generado aproximadamente ese volumen durante el año anterior.
Botellas de agua, bolsas, envases de alimentos, cubiertos desechables y embalajes aparecen entre los productos que no se mantienen en circulación, saturan los sistemas de residuos y pueden terminar en el ambiente.
El PNUMA plantea que las soluciones deben priorizar la eliminación de plásticos innecesarios, el rediseño de productos y el desarrollo de sistemas de reutilización, en lugar de depender únicamente del reciclaje cuando el residuo ya fue generado.
El valor de la campaña no depende únicamente de cuánto plástico se evita durante 31 días. Su mayor aporte está en hacer visibles consumos que suelen pasar inadvertidos y comprobar qué cambios pueden mantenerse después de finalizar el mes. Estos son los aprendizajes que promueve:
Identificar qué artículos se desechan con mayor frecuencia ayuda a evitar sustituciones improvisadas que podrían trasladar el impacto hacia otros materiales.
La iniciativa invita a preguntarse si un producto es realmente necesario y si puede reemplazarse por una opción duradera, retornable o reutilizable.
Una decisión pequeña puede parecer limitada de forma individual, pero adquiere mayor alcance cuando se replica entre colaboradores, clientes, proveedores y comunidades.
El movimiento vincula sus resultados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con ciudades sostenibles, producción y consumo responsables, vida submarina y protección de los ecosistemas terrestres.

Pensando en la sostenibilidad empresarial, las organizaciones están revisando el origen de sus residuos, la composición de los productos que compran y las decisiones operativas que mantienen materiales desechables en circulación.
De acuerdo con las orientaciones publicadas por organismos como el PNUMA, la Ellen MacArthur Foundation y el World Business Council for Sustainable Development, esta situación se evidencia en las siguientes tendencias:
Las empresas están pasando de preguntarse cómo disponer correctamente de un residuo a identificar cómo evitar que se genere. Esto implica eliminar artículos innecesarios, disminuir empaques y sustituir productos de corta duración antes de depender del reciclaje.
Precio y disponibilidad ya no son los únicos factores de selección. Cada vez resulta más relevante revisar la vida útil, la posibilidad de reutilización, el contenido reciclado, el tipo de empaque y la forma en que el proveedor gestiona los materiales después de su uso.
Las organizaciones están avanzando hacia la medición de unidades evitadas, materiales reducidos, tasas de reutilización y residuos generados. Esta trazabilidad permite comparar periodos, identificar avances reales y evitar comunicaciones ambientales sustentadas únicamente en declaraciones generales.
Las decisiones de una empresa pueden influir sobre proveedores, colaboradores, clientes y aliados. Por eso, las estrategias más consistentes establecen expectativas comunes y buscan que la prevención de residuos se mantenga desde la compra hasta el consumo y la disposición final.
Estas tendencias muestran que disminuir los plásticos no debe tratarse como una acción exclusiva de julio. Plastic Free July puede abrir la conversación, pero el resultado depende de integrar sus aprendizajes en procesos permanentes de abastecimiento, medición y consumo responsable.

Las iniciativas corporativas ganan credibilidad cuando actúan sobre una fuente concreta de residuos, establecen un alcance definido y comunican avances que pueden comprobarse. Esto implica evitar afirmaciones generales sobre sostenibilidad y explicar con precisión qué material se sustituyó, cuántas unidades se evitaron o qué parte de la operación ya completó la transición.
Los siguientes casos no significan que estas organizaciones hayan resuelto por completo su impacto ambiental. Su valor está en mostrar prácticas específicas que otras empresas pueden adaptar a sus compras, empaques, eventos y servicios cotidianos:
El aprendizaje no consiste en copiar exactamente una iniciativa, sino en reconocer los principios que la hicieron posible: identificar un residuo recurrente, desarrollar una alternativa funcional, probarla antes de ampliarla y medir sus resultados. Estos ejemplos de buenas prácticas ambientales empresariales muestran diferentes maneras de avanzar:
Durante 2025 comenzó a reemplazar por papel las bolsas plásticas que contienen tornillos y piezas para el armado de sus muebles. La compañía calcula que el cambio puede reducir alrededor de 1.400 toneladas de plástico virgen cada año y aclara que la implementación será gradual hasta abarcar más categorías de productos. El caso demuestra que una empresa también puede encontrar impactos relevantes en insumos que parecen secundarios dentro de su operación.
La compañía evaluó cerca de 180 tipos y formatos de papel para reemplazar las bolsas internas de plástico sin afectar la protección de las piezas. Al cierre de 2025, el 56 % de sus líneas globales de empaque ya utilizaba alternativas de papel, mientras la implementación completa continuaba en distintas fábricas. Este proceso evidencia que sustituir un material requiere validar resistencia, experiencia de uso y comportamiento en diferentes condiciones de producción.
En 2025 ampliamos nuestra alianza con la serie de carreras del Bank of America Chicago para combinar estaciones de recarga, recipientes reutilizables y botellas de aluminio en lugar de opciones plásticas. La iniciativa proyectó reemplazar más de 200.000 botellas plásticas durante las tres carreras de ese año, después de evitar cerca de 150.000 en el Maratón de Chicago de 2024. En este caso, el aprendizaje está en rediseñar todo el sistema de consumo, no en sustituir un envase desechable por otro de manera aislada.
Además, durante el primer año de nuestra alianza con el United Center, los Chicago Bulls y los Chicago Blackhawks, la combinación de estaciones de recarga, botellas de aluminio y un programa de recuperación evitó cerca de 600.000 botellas plásticas de un solo uso. Los materiales recolectados fueron registrados mediante una plataforma externa de circularidad, lo que permitió reportar unidades recuperadas, residuos desviados de rellenos sanitarios y emisiones evitadas.
Estos casos comparten una característica: la reducción no se limita a pedirles a las personas que cambien sus hábitos. Las organizaciones modificaron empaques, infraestructura, sistemas de abastecimiento o procesos de medición para que la alternativa sostenible estuviera incorporada en la experiencia.
Ese es uno de los principales aprendizajes para las empresas que participan en Plastic Free July: la intención individual alcanza mayor impacto cuando la operación facilita decisiones distintas durante todo el año.
Las problemáticas asociadas a los residuos se hacen visibles en los lugares donde transcurre la vida cotidiana. Parques, calles y zonas comunes no son únicamente espacios físicos: también son puntos de encuentro cuya limpieza y cuidado influyen en la convivencia, el bienestar y el sentido de pertenencia de quienes los utilizan.
En el marco de Plastic Free July, nos unimos a las comunidades de La Gaitana y Tibabuyes, en la localidad de Suba, para promover una conversación cercana sobre los residuos plásticos y la responsabilidad compartida de proteger los espacios comunes.
¡Conoce más a continuación!
Retirar residuos permite recuperar temporalmente una zona, pero el aprendizaje más importante está en:
Reconocer qué objetos se desechan con mayor frecuencia facilita relacionar el problema ambiental con decisiones comunes de compra y consumo.
Ser parte activa en su cuidado puede aumentar el sentido de pertenencia y motivar una vigilancia más constante sobre su estado.
Reutilizar recipientes, evitar artículos innecesarios y disponer correctamente de los residuos son acciones sencillas que pueden mantenerse durante el resto del año.

Reducir los residuos no exige transformar toda la operación de un día para otro. El cambio puede comenzar al identificar una práctica cotidiana, reemplazarla por una alternativa más duradera y medir los resultados para seguir avanzando.
Revisar la forma en que una empresa ofrece agua a colaboradores, clientes y visitantes es una de esas oportunidades. Los dispensadores de agua pura conectados a la red pueden ayudar a disminuir la dependencia de botellas plásticas de un solo uso y convertir un consumo habitual en una acción coherente con los compromisos ambientales de la organización.
En Culligan Colombia acompañamos a las empresas que buscan incorporar este tipo de cambios de manera práctica y sostenible. Porque Plastic Free July puede comenzar en julio, pero su verdadero impacto se construye con las decisiones que mantenemos durante todo el año. ¡Empieza hoy un cambio por el planeta!